La Medalla de San Benito
La Medalla de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia por su gran poder de exorcismo, instituido en memoria del Santo Padre Benito. Como todo sacramental, los católicos no atribuyen su poder a la medalla en sí misma, sino a Cristo, quien lo concede a su Iglesia y actúa a través de la disposición fervorosa de quien la porta.
Su origen
La tradición vincula el simbolismo de la Medalla a un episodio de la vida de San Benito: tras vivir tres años como ermitaño en una cueva y haberse hecho célebre por su santidad, una comunidad religiosa lo llamó para suceder a su abad fallecido. Algunos monjes, disconformes con la disciplina que él exigía, intentaron envenenarlo con pan y vino. Al hacer San Benito la señal de la cruz sobre los alimentos, reconoció el veneno: la copa se quebró y un cuervo se llevó el pan.
El Anverso de la Medalla
En las medallas antiguas aparece, rodeando la figura del santo, la siguiente inscripción latina: Eius in óbitu nostro præséntia muniámur — «Que a la hora de nuestra muerte nos proteja tu presencia». En las medallas actuales, esta frase suele sustituirse por Crux Sancti Patris Benedicti o, más simplemente, por Sanctus Benedictus.
El Reverso de la Medalla
En los cuatro extremos de la cruz: C.S.P.B. — Crux Sancti Patris Benedicti — Cruz del Santo Padre Benito.
En el palo vertical: C.S.S.M.L. — Crux Sacra Sit Mihi Lux — Que la Santa Cruz sea mi luz.
En el palo horizontal: N.D.S.M.D. — Non Draco Sit Mihi Dux — Que el demonio no sea mi guía.
En el círculo exterior, en el sentido del reloj: V.R.S. — Vade Retro Satana — Aléjate, Satanás. N.S.M.V. — Non Suade Mihi Vana — No me aconsejes vanidades. S.M.Q.L. — Sunt Mala Quae Libas — Es malo lo que me ofreces. I.V.B. — Ipse Venena Bibas — Bebe tú mismo tu veneno.
En la parte superior de la cruz suele aparecer la palabra PAX, y en las versiones más antiguas, IESUS.
Historia de la Medalla

La fecha exacta de fabricación de la primera Medalla de San Benito permanece desconocida. En 1647, durante un proceso judicial por brujería en Baviera, varias mujeres declararon que no habían podido dañar el monasterio benedictino porque estaba protegido por la señal de la santa Cruz. Al investigar el Monasterio de Metten, en Alemania, se encontraron antiguas representaciones pintadas de esta cruz con misteriosas inscripciones que por mucho tiempo no pudieron interpretarse.
La clave para descifrarlas se halló en un manuscrito iluminado de 1414, conservado en la Biblioteca Estatal de Múnich, que mostraba a San Benito junto a esas palabras. Un manuscrito aún más antiguo, del siglo XIV, procedente de Austria y conservado en la biblioteca de Wolfenbüttel, parece ser el origen de la imagen y del texto.
En el siglo XVII, el erudito francés J. R. Thiers cuestionó la medalla por considerar supersticiosos sus caracteres. Sin embargo, el Papa Benedicto XIV la aprobó en 1742 e incorporó la fórmula de su bendición al Ritual Romano. La versión definitiva de la medalla data de 1880, acuñada en conmemoración de los 1.400 años del nacimiento de San Benito.
Indulgencias
El 12 de marzo de 1742, Benedicto XIV otorgó indulgencia plenaria a quienes porten la Medalla de San Benito y cumplan las siguientes condiciones: recibir el Sacramento de la Reconciliación, comulgar, orar por el Santo Padre en las grandes fiestas litúrgicas y, durante esa semana, rezar el Santo Rosario, visitar a los enfermos, ayudar a los pobres, enseñar la Fe cristiana o participar en la Santa Misa.
Las grandes fiestas a las que se hace referencia son: Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, la Asunción, la Inmaculada Concepción, el Nacimiento de la Virgen María, Todos los Santos y la fiesta de San Benito.
Quienes porten la Medalla en la hora de la muerte estarán bajo su protección, siempre que se encomienden al Padre, se hayan confesado, recibido la comunión, o al menos invoquen el nombre de Jesús con profundo arrepentimiento.
Indulgencias parciales:
— 200 días, por visitar a los enfermos durante una semana, visitar la iglesia o enseñar la Fe a los niños. — 7 años, por celebrar o asistir a la Santa Misa orando por el bien de los cristianos y sus gobernantes. — 7 años, por acompañar a los enfermos en el Día de Todos los Santos. — 100 días, por rezar antes de la Santa Misa o antes de recibir la sagrada Comunión. — Remisión de la tercera parte de los pecados propios, para quien por su consejo o ejemplo conduzca a un pecador a la conversión. — Indulgencias especiales el Jueves Santo o el Domingo de Resurrección, para quien, tras confesarse y comulgar, ore por la Iglesia y las intenciones del Santo Padre. — Una participación en todas las buenas obras de la Orden Benedictina, para quien ore por su exaltación y misión.
Formas de usar la Medalla
La Medalla de San Benito puede portarse o colocarse de diversas maneras: en una cadena alrededor del cuello, unida a un rosario, en el bolsillo o bolso, en el automóvil o en el hogar, situada en los cimientos de un edificio, o en el centro de un crucifijo.
El uso de cualquier objeto religioso tiene como fin recordar a Dios e inspirar la voluntad de servirle a Él y al prójimo. No debe concebirse como un amuleto de buena suerte ni como un objeto de carácter mágico.
El Crucifijo con la Medalla de San Benito

El Crucifijo de la Buena Muerte, unido a la Medalla de San Benito, ha sido reconocido por la Iglesia como una ayuda singular para el cristiano en las horas de tentación, peligro, mal y especialmente en el momento de la muerte, concediéndole Indulgencia Plenaria.
Para ganar esta indulgencia en la hora de la muerte, es necesario creer en la santa Cruz, haberse confesado, haber recibido la Comunión o, al menos, sentir arrepentimiento sincero de los pecados, invocar el Santo Nombre de Jesús con devoción y aceptar la muerte con resignación como venida de las manos de Dios. Este crucifijo es también un poderoso medio para unir los propios sufrimientos a los de Nuestro Señor Jesucristo.
Quien haya sido excomulgado y, arrepentido, cumpla su penitencia, se confiese ante la autoridad competente —obispo o superior— y comulgue el Domingo de Resurrección, obtendrá la gracia de la indulgencia. (Jn 13, 31–35)
